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Análisis express

Crecer sin lenguaje según la ficción

Perdidos, abandonados, habiendo huido de una situación complicada o aislados intencionalmente, ha habido casos de niños que crecieron con poquísimo contacto humano, solos o criados por animales. Es habitual referirse a ellos como salvajes o ferales (de fiera) por no seguir las conductas sociales.

Cuando estos niños aislados vuelven a la “civilización”, la ciencia se interesa en investigar cuánto influye la socialización tardía en su desarrollo y en concreto en el aprendizaje de una lengua. Como una oportunidad para refutar o validar formulaciones que de otro modo no se podrían comprobar. En ocasiones se ha dudado de si los involucrados primaban de verdad el bienestar de los jóvenes sobre el interés científico o personal.

Antes de comentar cómo la ficción cinematográfica ha reflejado su impresión o teorizado sobre los efectos del aislamiento social, parece pertinente mencionar tres conceptos vinculados: (1) qué necesita un niño en sus primeros meses, (2) cuánto se puede adaptar al entorno al crecer y (3) hasta qué punto su comunicación está limitada si no practica el lenguaje articulado durante su crecimiento.

Algunas consecuencias del aislamiento social

Como concluyó la pediatría en su día, para que crezcan sanos es necesario que los bebés interactúen con al menos un ser animado. Como ejemplo, en un capítulo de The Handmaid’s Tale (2017-), nadie de la gente distante y con guantes entiende qué le pasa a la pequeña Angela hasta que su madre biológica la acaricia, le canta y le muestra el mundo.

Asimismo se está investigando actualmente la posible relación entre las repercusiones de la soledad no deseada y las alteraciones neurodegenerativas, sobre todo en los adultos más mayores.

Por otro lado, la adaptabilidad del cerebro humano infantil es increíble. Hay personas que crecieron faltándoles medio cerebro y este se reorganizó para asignar funciones que acostumbran a desempeñar otras zonas. La subjetividad, la movilidad y el habla no se resintieron en exceso a largo plazo.

En este sentido, los niños que vivieron en la naturaleza presentan en algún caso mayor destreza olfativa o auditiva, así como más resistencia a la temperatura externa. Con respecto a los resultados de sus exámenes cerebrales, quizá no deberían juzgarse siguiendo los parámetros comunes.

La edad para aprender a hablar

La evolución de los niños tras un aislamiento severo se valora para poner a prueba las hipótesis del período crítico, sensible o privilegiado. Estas se fundamentan en que para captar el lenguaje humano de manera plena existe un límite temporal, generalmente antes de la edad adulta.

En primer lugar, no sé si esto último cuadra con que haya gente hiperpolíglota. Y es verdad que después de su período aislados los niños no usan el código lingüístico de la misma forma que los demás. Han pasado años sin usarlo y necesitan tiempo para entender su funcionamiento básico.

Además, con frecuencia su estimulación y neurodesarrollo previos son desconocidos y los rodean otras muchas circunstancias especiales también determinantes, por lo que para algunos la correlación entre aislamiento social y limitación en la adquisición del lenguaje no se ha podido establecer claramente.

Obras audiovisuales sobre la comunicación tras aislamiento temprano

Existen ejemplos por la red (unos cuantos no demostrables), algunos libros de estudiosos sobre el tema y reportajes o documentales. A mí me gustaría centrarme en unas pocas de las diversas conjeturas fílmicas sobre la habilidad lingüística en estas circunstancias.

Comentaré tres tipos de relatos de ficción audiovisual sobre esta materia. Algunos guiones se basaron en casos reales, otros adaptaron obras de otras artes y unos cuantos proponen sus propias historias.

Películas basadas en historias reales de niños aislados

Resumiré brevemente aquello que veo destacable de cuatro largometrajes sobre casos documentados de aislamiento social severo en diferentes países.

El aprendizaje lingüístico en El pequeño salvaje

En 1798 apareció un niño de unos 11-12 años en el bosque francés de Aveyron, que parecía vivir allí solo. La película L’enfant sauvage (1970) muestra desde que lo encuentran hasta que lleva estudiándolo nueve meses un doctor (interpretado por el también director del filme François Truffaut). Para recrear lo acontecido, se parte de las memorias e informes que el médico recién titulado escribió durante los varios años que intentó educarlo.

En la revisión física detectan una cicatriz en su garganta, así que su capacidad de habla podría estar afectada. Al principio llevan al niño al centro nacional de sordomudos, luego le dan la custodia a una señora para que lo cuide y el estudio empieza. El especialista percibe al comienzo que usa lenguaje de acción para expresar sed o hambre, agitando vajilla vacía. Cuando busca determinar si oye bien, nota que tiene predilección por los sonidos con o, así que acaban llamándolo Victor.

Tras muchos ejercicios y pese a una rebeldía frecuente, el joven es capaz de emitir vocales o decir la palabra lait (leche). De hecho, usa las letras del abecedario de madera para referirse a este concepto por escrito en contexto adecuado.

Logros lingüísticos quizá infravalorados

Poco antes de que este largometraje se estrenase en Estados Unidos se supo que una niña de 13 años que sería conocida como Genie había estado recluida en una habitación de California. Mockingbird Don’t Sing (2001) está basada en lo que le pasó hasta que terminó el proyecto científico relacionado.

Con los años aprendería lenguaje de signos y pronunciaría vocabulario variado, aunque con una pronunciación característica; entendería bastante y compartiría ideas, a veces a otro ritmo y sin adherirse a la gramática oficial.

Un enigma también lingüístico

Werner Herzog llevó al cine la casi leyenda de Kaspar Hauser en Jeder für sich und Gott gegen alle (1974). Esta obra alemana empieza en 1828, en los momentos antes de que terminase su encierro. Aparecería en la ciudad Núremberg este joven de unos 16 años sosteniendo una carta.

De lenguaje solo sabría repetir la frase que le habían enseñado poco antes y podía escribir su supuesto nombre. Según esta producción cinematográfica no tendría excesivos problemas aprendiendo a hablar bastante bien, tocar algo el piano y a imaginar el inicio de una historia. El actor lo interpretó con intervenciones en alemán más lentas de lo común y como sentenciando.

Solo en la naturaleza ibérica

El guionista de Entrelobos (2010) se inspiró en parte de la vida de Marcos para construir una película localizada en Sierra Morena, a la que se añaden nuevos personajes y tramas. En la España de mediados de los años 50, un niño de siete años pasa a vivir en la montaña con un pastor. En esas semanas conocerá trampas, trucos y sonidos para cazar y coexistir con otros animales que le servirán como referencia para luego sobrevivir cuando se quede solo.

Durante la ficción el protagonista articulaba alguna palabra, aunque no hubiera más personas, incluso tras el pase de los años diría algún concepto como volar o respondería a un bandolero. Pero no hay más pistas sobre si tuvo serias dificultades lingüísticas al ser encontrado tras estar 12 años por su cuenta.

El making of documental sobre él, Marcos, el lobo solitario (2013), detalla algo más sobre cómo diversas personas lo ayudarían a desenvolverse en su vuelta a la sociedad o lo que le costó encontrar motivación para aprender a leer realmente, a pesar de hablar perfectamente o dibujar.

Adaptaciones cinematográficas sobre niños aislados

En algunos mitos y cuentos conocidos los personajes dejan el hogar durante la infancia o pasan largos períodos aislados en torres o castillos. Sin embargo, solo abordaré dos sagas y una película que tratan el tema de los llamados niños salvajes. Aparte de ser populares, tienen cada una algún punto reseñable.

La adquisición del lenguaje en El libro de la selva

Se produjeron varias versiones, pero para mí la referencia es The Jungle Book de 1994 (dirigida por quien también construyó la trilogía de La Momia). Se estrenó justo un siglo después de que se publicara la antología de cuentos en la que se basa, escrita por un premio Nobel nacido en la India británica.

Los animales no están tan humanizados como en el libro u otras adaptaciones. Aunque se entienden con el protagonista, no hablan ni tienen consejo de decisión. No obstante, en el filme se mantiene lo fundamental del texto literario: el ataque de un tigre lleva a que un niño se separe de los suyos y acabe en la naturaleza junto a una manada de lobos, una pantera y un oso como principales vínculos.

Ya adulto Mowgli (rana) parece haber olvidado el hindi e inglés que sabía a sus cinco años. Su amiga de la infancia Kitty y el Dr. Plumford lo ayudan a hablar de nuevo. En una secuencia de montaje se aprecia cómo le enseñan de nuevo la fonética y escritura de cada letra, después a leer las palabras en carteles, identificar los vocablos que corresponden a imágenes y finalmente a elaborar y leer oraciones.

Este largometraje busca transmitir también a través de la adquisición de una lengua las diferencias entre dos mundos que perciben los conocidos como niños salvajes. Conversar sobre ciertos conceptos tiene función reflexiva y moralista: Mowgli le pregunta a los demás qué es un amigo, un enemigo o el odio.

La propuesta lingüística diferente en la saga de Tarzán

Tarzán de los monos fue la primera de una serie de novelas de comienzos del siglo XX ambientadas en África que tuvieron mucho éxito por escrito y como adaptaciones cinematográficas. En general parece que Tarzán (piel blanca en el idioma ficticio mangani) solo necesita información y tiempo para ir aprendiendo una lengua natural que en un entorno animal no necesitaba.

Hay al menos una excepción, pues en su parodia de imagen real George of the Jungle (1997) se cambia el foco proponiendo que él sabía inglés nada más reencontrarse con otras personas por haber convivido con un gorila excepcional que también podía hablar en una lengua, entre otros comportamientos humanos, cual primate de la saga del Planeta de los simios.

Como en otras piezas audiovisuales dirigidas a todos los públicos, algunas versiones de la historia de Tarzán o de Mowgli presentarán animales que hablan entre sí en una lengua como el inglés para que el público los entienda, pero cuya comunicación animal en realidad las personas no entenderán como tal.

Explicación de Nell

Idioglossia fue una obra de teatro de los años 80. En la década anterior su autor no había conseguido adaptarse a una vida austera en el bosque junto a su mujer, así que esperaba que la protagonista de la historia que confeccionó le enseñara cómo es posible estar en armonía en ese entorno. Además, tuvo en cuenta para su obra una noticia que leyó sobre la criptofasia (el hecho de que se creen lenguas privadas, a menudo entre hermanos). En el argumento de este relato teatral se basa la película Nell (1994).

Hojas verdes para simbolizar un bosque como posible lugar de aislamiento para niños salvajes

Para protegerlas del mundo la madre de Nell la crio a ella y a su hermana pequeña en una cabaña sin que conocieran a nadie más. Por haber sufrido derrames, la señora tenía media cara paralizada y afasia, por lo que no pronunciaba todos los fonemas de los términos en inglés. Sus dos hijas aprenderían a expresarse de este modo, por ejemplo Nell diría ga inja en vez de guardian angel. Y, además, las niñas inventarían palabras propias, como missa para pequeño.

El médico de pueblo que encontró a Nell sola con unos 30 años y la especialista que ayudaría también en su tratamiento pensaban que ella hablaba un idioma incomprensible, pero durante los tres meses que pasaron junto a ella comprobaron que era una lengua natural distorsionada, con añadidos y bastantes lagunas sobre el mundo moderno. Ella había dispuesto de poquísimas fuentes de ideas y muy concretas; una de ellas un libro sagrado.

En realidad, a diferencia de su madre, nada impide a Nell pronunciar cualquier fonema, como demuestra dos o tres veces replicando perfectamente expresiones, no obstante, no es lo que le sale sin esfuerzo.

Guiones originales sobre el impacto lingüístico del aislamiento

Es muy probable que haya bastantes producciones sobre el aislamiento de personajes de cualquier edad, sobre todo en determinados géneros, pero ahora mismo solo tengo algo que comentar sobre dos obras audiovisuales.

En Cast Away (2000) un náufrago se queda solo durante años, pero conversa con un objeto, al que llama Wilson. Además de que esas charlas permiten que el público sepa qué piensa el protagonista, seguir hablando le hace sentirse acompañado y continuar motivado.

Aparte de enfrentar creencia y ateísmo, en la serie Raised by Wolves (2020-) se plantea un mundo en que dos androides intentan criar seis niños. En el episodio piloto no detecté nada relevante en cuanto a lo lingüístico salvo dos aspectos tangenciales. Los robots se contaban chistes en situaciones en las que los humanos probablemente se preocuparían de otras cosas. Y uno de ellos podía emitar la voz de cualquiera.

La vida humana sin lenguaje articulado

En estos relatos se presenta a los jóvenes como inteligentes y la mayoría como inocentes en comparación a la comunidad. Pese a haberse familiarizado con la sociedad, no se adaptan a ella. Quizá no ven suficiente valor para todo el trabajo que les implica teniendo en cuenta que se prepararon para otro ambiente. Como Nell misma pedirá a las instituciones con sus palabras, no quiere renunciar a marcar las condiciones de su vida.

Desde una perspectiva lingüística, es posible entonces que aquellos que no dominan del todo la lengua oficial sea porque para ellos esa comunicación no resulta tan fundamental como otras dimensiones de su realidad. No comparten con los demás que hablar bien sea esencial.

El lenguaje posibilita más vías para el pensamiento y por tanto para el progreso (o lo contrario), nos parece lo más significativo, pero no es lo único que nos hace humanos.