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Narrativa

9 conceptos sobre la forma de hablar de un personaje

Un relato puede presentar ciertas carencias para los expertos. Los errores más comunes al escribir un guión de ficción suelen ser de dos tipos. Por un lado, que no se sigan las convenciones para describir o no se use el formato de página estandarizado. Por otro lado, estarían los fallos en el desarrollo de la historia en cualquiera de sus aspectos, como la falta de tema o una incongruencia de la trama (esta última se conoce como agujero de guión o plot hole).

Habría decisiones lingüísticas que mencionar tanto en la forma como el contenido del guión, pero me gustaría centrarme en lo segundo. En concreto, la lengua sirve para caracterizar personajes y dar coherencia a una historia literaria o audiovisual.

Caracterizar personajes con su forma de hablar

Una de las críticas más habituales a los manuscritos y guiones de principiantes es que todos sus personajes hablan igual y que no tienen alma. Para esto último no puedo aconsejar, pero sí hay una serie de puntos lingüísticos que plantearse cuando se crea un personaje o narrador y así lograr su propia voz (que en cierto sentido permanece aunque su cuerpo cambie).

Nueve globos de diálogo diferentes que intentan indicar la variedad al diseñar la forma de hablar de un personaje

1] En algún caso, es posible que el género de la obra o su tono influyan en el empleo o no de ciertas palabras o construcciones.

2] El dialecto es el modo concreto de una zona geográfica para hablar una determinada lengua e implica el uso particular de cierto léxico, expresiones o estructuras gramaticales. No es lo mismo el español de Ecuador que el de Panamá o las islas Canarias. Y tener personajes de distintas variantes territoriales permite más posibilidades al crear una historia.

3] El acento es el otro elemento que hace de pasaporte para presentarnos verbalmente de dónde se viene. Es recomendable huir de estereotipos en que tener un determinado acento ya indique quién es el villano o que la forma de hablar de un personaje sea casi una parodia.

4] Cada persona tiene su idiolecto y los personajes también deberían. Vemos el mundo de una manera única y expresamos nuestra perspectiva empleando determinado vocabulario, gramática, sintaxis y otros elementos no verbales como el volumen. Es frecuente recurrir a modismos y comodines preferidos (coso, vaina). Se usarán los términos y la puntuación con consistencia, por épocas o según el estado de ánimo. Tan singular es cómo habla y escribe cada persona que la lingüística forense identifica autores por cómo se expresan.

5] A veces se muestra alguna peculiaridad al pronunciar, un trastorno del habla (tartamudez, dislalia, afasia…) o una discapacidad auditiva que condiciona la expresión.

6] En cómo se expresa un personaje puede apreciarse también su clase social y si pertenece a algún colectivo (incluye la profesión), sea mediante su jerga o muletillas (o sea).

7 y 8] Como el nivel de confianza al hablar cambia, parece igualmente conveniente considerar los diferentes roles que un personaje tiene según con quién se relacione. O si se encuentra en un registro más o menos formal.

9] Con respecto al contenido de los diálogos, los profesionales suelen adorar el subtexto y piden que no sean demasiado expositivos; entre otros motivos, excesiva exposición tiende a restar verosimilitud a la intervención de un personaje. Por cierto, a mí me cuesta creerme que algunos personajes sean capaces de inventarse discursos muy elocuentes elaborados de manera espontánea sin titubear. No está de más recordar que es común interrumpirse en ciertos contextos.

El plano lingüístico de cada personaje es, por tanto, un apartado que escritor o guionista pueden tener en cuenta desde el principio y constantemente. La congruencia en este sentido contribuye a la empatía hacia los personajes y el relato.