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Hasta qué punto es universal el lenguaje audiovisual

Una película o capítulo de serie se compone de elementos sonoros y visuales cuyo contenido, disposición y relación artificiales dan lugar a determinado significado y estética. El idioma es muy a menudo uno de esos elementos parte del mensaje, frecuentemente con un papel secundario y de vez en cuando protagonista.

Elegir lenguas verbales concretas para una obra conlleva que la traducción audiovisual sea fundamental para que espectadores de otros idiomas entiendan las intervenciones lingüísticas de la pieza. Ahora bien, ¿y si se desea que el relato sea universal?

La (no) universalidad del lenguaje cinematográfico

Cuestiono interiormente cada vez que alguien afirma que una interfaz es intuitiva. En la esfera humana todo es social y se aprende, aunque por supuesto haya bastantes comportamientos automáticos y sentimientos que se compartan con el mundo natural.

Por tanto, para que una sucesión concreta de fotogramas con sonido sea inteligible se requiere alfabetización. Esta suele darse ahora a una edad temprana y no difiere en exceso de las normas del lenguaje verbal, por lo que no resulta difícil y pocos son conscientes de su aprendizaje.

Además, lo que describen los sonidos e imágenes pueden ser convenciones de una región y no necesariamente comprensibles por otras. Los gestos para aceptar, negar o representar ciertos números con las manos son distintos entre culturas, así que por ejemplo no implica lo mismo en todos los países que un personaje asienta.

La ficción audiovisual como lenguaje universal

A pesar de estas relativamente ligeras diferencias culturales, un relato audiovisual puede estar muy cerca de ser universal, de no precisar apenas traducción para ninguna cultura. Acostumbra a haber dos vías para buscar que una obra audiovisual sea universal: prescindir de usar una lengua natural o emplear una lengua global.

Dicho esto, que el tema del filme o episodio sea comprensible para todo tipo de audiencia y de cualquier zona ya es otro asunto.

El cine silente para lograr universalidad

El celuloide de los primeros años del cine poseía pocos intertítulos (o ninguno) y carecía de banda sonora incrustada por limitaciones técnicas. No obstante, durante su proyección, las películas contaban con música de acompañamiento y las palabras de un explicador (film lecturer) que ayudaba a entender la narración desde su personal punto de vista y en el idioma del público.

En los últimos años ha habido varios ejemplos de contar historias sin necesitar casi una lengua natural específica. La elección afecta bien a alguna o varias secuencias o a la pieza completa, como en el largometraje The Artist (2011) o Blancanieves (2012), ambos en un contexto de los años 20.

Al menos este cine neosilente incluye los dos planos lingüísticos del idioma. En cuanto al texto escrito, las palabras aparecen en créditos, intertítulos (subtítulos a continuación del diálogo) y cartelería en diferentes formatos dentro de la historia.

En lo que se refiere a su expresión oral, la lengua verbal existe, pues los personajes mueven sus labios con propósito comunicativo en numerosas situaciones, sin embargo, parece que buena parte de los términos particulares no importan: no se subtitulan y solo aparecen si acaso en una canción. Los ruidos, bastantes vocablos y los gritos son, pues, mudos para el público.

Además de una elección estética y homenaje a los orígenes del cine, esta técnica podría resultar en mayor identificación con las acciones y reacciones de los personajes, aunque se pierden los matices que la voz da a algunas emociones.

Tráiler del cortometraje silente Paperman (2012)

La lengua universal en la ficción audiovisual

Natural o artificial, es poco probable que pueda existir una lengua universal. Sí está el mapa lingüístico más homogéneo en la actualidad que hace décadas y parece que la tendencia continuará, pero la gente seguirá adaptando los idiomas a su perspectiva de la realidad y cierta diversidad lingüística permanecerá, porque el cambio es una constante.

En cualquier caso, podemos entender la lengua universal desde varios puntos. Uno de ellos es plantearse cómo habrá sido el detonante de la lengua originaria y si todos los idiomas presentan un mismo sustrato. Por otro lado, Bonifacio Sotos Ochando denominó Lengua Universal al idioma que construyó en el siglo XIX.

En este sentido, es común identificar como universal las lenguas planificadas auxiliares con voluntad global como el esperanto. Este idioma artificial ha estado presente en el cine de tres formas, según del Barrio: varias películas se han filmado íntegramente en esta lengua, ha aparecido brevemente en relatos audiovisuales por su vinculación con el movimiento esperantista o se ha utilizado en textos, discursos y diálogos de algunas obras (también series) para ambientar sin tener que concretar la nación o con una finalidad exótica o futurista.

Por su parte, The Painted Bird (2019) se rodó en intereslavo, una lengua auxiliar que permite a los hablantes de los múltiples idiomas eslavos entenderse. Se pretendía que esta película ambientada en una guerra no se asociara a ningún país.

Actualmente no hay un idioma conocido por todos, pero es el inglés el que más se aproxima, una lengua franca multitudinaria que predomina en las producciones de Hollywood and beyond. De hecho, ambas condiciones (ser opción más habitual en los intercambios internacionales y su hegemonía en la ficción) están muy ligadas.

Los recursos específicos del lenguaje audiovisual

El lenguaje cinematográfico comparte características con el lenguaje verbal (sintaxis, reglas) y con otras artes (la iconicidad o el enfoque de la fotografía; la creación de mundos de la literatura).

Asimismo, han surgido recursos propios del lenguaje audiovisual para transmitir significado, una manera especial de combinar algunos elementos. Por ejemplo, se puede dosificar información de la historia con la focalización sonora en determinado personaje o reflejar el paso del tiempo con una secuencia de montaje.

Teclados con botones dedicados a la edición de vídeo para simbolizar el lenguaje audiovisual

De entre los recursos específicos, captan mi atención aquellos relacionados con la decisión de recurrir o no a un idioma. Por un lado, como menciono en otras entradas, se han diseñado soluciones singulares para justificar la expresión en una lengua concreta. Por otro lado, como en los casos de este artículo, el mensaje del relato audiovisual puede llegar a un gran número de personas prácticamente sin adaptación.

Las posibilidades semánticas de cada uno de los elementos del lenguaje audiovisual (encuadre, dirección artística, edición…) y de sus múltiples combinaciones son inmensas.