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Narrativa

Los microbios lingüísticos en la ficción de cine/tv

Se ha constatado cuándo debió de surgir el lenguaje humano según las pruebas disponibles, pero todavía se teoriza sobre los motivos de su origen y del salto a la complejidad que muestra hoy (del protolenguaje a los idiomas actuales).

Ahora bien, quizá no hay nada nuevo que explicar respecto al inicio y evolución del lenguaje. La comunicación lingüística podría también entenderse como una herramienta, la creación más representativa del ser humano; así se defiende en el ensayo El reino del lenguaje.

Por su parte, la cultura ha presentado sus hipótesis, en las que curiosamente los símiles con el comportamiento de los microorganismos perjudiciales o beneficiosos parecen una constante.

El idioma en la ficción como patógeno

Se acostumbra destacar la obra literaria de William Burroughs entre las creaciones artísticas que han abordado el lenguaje como un virus en la mente humana. Por otro lado, me he cruzado con dos ejemplos audiovisuales que aportan sus propias perspectivas.

Como un argumento a su postura, un personaje de True Detective (1×03, 2014-2019) comenta ante otro que algunos ven la religión como un germen lingüístico que entorpece el pensamiento crítico.

Con un papel protagonista, en una película norteamericana que prefiero no desvelar, algunas palabras de la lengua inglesa son el modo de transmisión de un patógeno con consecuencias terribles para los humanos. Una propuesta para mostrar nuestra vulnerabilidad e invitar a la reflexión.

Los microorganismos beneficiosos según la ficción

En un filme español, que también es mejor no revelar, un personaje considera que la habilidad lingüística del ser humano fue el resultado de una mutación genética causada por un virus.

La solución de Farscape (1999-2003) para la comunicación entre especies del universo merece una mención con más detenimiento.

Los microbios traductores de Farscape

En vez de crear idiomas para la serie u otras posibles invenciones, los diversos seres de esta interesante producción australiana alojan microbios traductores (translation microbes) para comprenderse unos a otros, aunque cada uno se exprese en su lengua materna.

Estos microorganismos, de los que no se llega a especificar si son orgánicos o sintéticos, deben de ser equivalentes a bacterias que captan, recuerdan de algún modo (¿genes?) y comparten en convivencia simbiótica los significantes y significados que aprendieron de sus distintos huéspedes pasados.

Los seres habituados a las relaciones con otras criaturas del espacio los suelen tener desde que nacen, pero al terrícola John Crichton le fueron insertados ya de adulto tras toparse involuntariamente con vida galáctica. Hay alguna especie que renuncia a tenerlos por no gustarles la exposición a agentes externos y se da el caso de que se fuerce a que alguien los reciba para poder dialogar (3×03).

Es reseñable que en diferentes episodios se fuese coherente con este concepto y se ampliase de vez en cuando. En uno de los capítulos (1×16) se reproduce cómo sería una conversación del humano protagonista con tres personajes de especies alienígenas distintas (D’Argo, Aeryn, Rygel): se perciben sonidos de idiomas raros que alguien con los microtraductores entiende como en su lengua nativa (John oye inglés), mientras otras personas no son capaces de descifrarlos.

No sé hasta qué punto pueden entender un chiste sobre ser un/a gallina (1×12), pero sí se plantean varias veces las limitaciones de los microbios traductores con respecto al léxico (como la amenaza pronunciada en el 1×22) y otros aspectos.

Por ejemplo, la especie que se dedica a pilotar naves tiene un lenguaje tan complejo que los microorganismos no son capaces de traducirlos (2×05). Con el tiempo, estos pilotos pueden aprender a explicarse en oraciones sencillas.

Cuál será la evolución del lenguaje

Las hipótesis anteriores sobre los inicios y evolución del lenguaje no parecen absurdas. En vez de una simbiosis con microorganismos, sería posible que la nanotecnología y los avances en procesamiento del lenguaje natural permitiesen en el futuro que la traducción aconteciera en el cerebro.

Personalmente ahora mismo considero la aptitud lingüística como remedio y no como veneno, pero no podemos descartar nuestra ignorancia ante la infección. En cualquier caso, dependemos absolutamente de los mensajes y creo que la comunicación lingüística aún tiene bastante margen de mejora en campos como la relación pensamiento-expresión o enunciado-interpretación.

Intriga cómo cambiará el entramado. Mientras tanto, la ficción probablemente seguirá aportando ideas más o menos plausibles, aunque casi siempre originales.