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Análisis express

La verosimilitud lingüística en una serie o película

Existen bastantes variables al elegir qué idiomas usar en una ficción audiovisual. Según la combinación elegida, se causarán ciertas emociones en la audiencia. Habrá quien no entienda algún fragmento, otros sí captarán ese mensaje especial, unos cuantos bien se indignarán bien aplaudirán internamente, muchos no repararán en ello.

La incredulidad lingüística

Cuando se decide que por lo que sea no compensa ser fiel a la realidad lingüística, los creadores de esa historia audiovisual pueden tomarse tal licencia. Pasa constantemente. La mayoría lo aceptará gracias a la suspensión de la incredulidad.

No obstante, por precisión o para asegurarse de que todo el público accede, podría insertarse antes un recurso audiovisual que haga oficial este acuerdo. Tal trámite puede ser breve y sencillo, llegando a haber tanta diversidad de ellos como obras se conciban.

Un capítulo ambientado en el Oriente Próximo de hace cuatro mil años se podría rodar en la antigua lengua semítica que correspondiese (si es recreable). Otra opción menos costosa en muchos sentidos sería usar el ingenio para transmitir al público al comienzo de la pieza que reconocemos que en esa época hablaban de otra manera, pero la historia se contará en otro código.

La verosimilitud lingüística en la ficción audiovisual

Cuando se desea ser realista, pueden verse obstáculos a priori en determinados contextos, pero para ser verosímil no tienen por qué ser necesarios la complejidad social o tecnológica ni un elevado presupuesto. Cada equipo tiene la capacidad de llegar a una solución creativa, es cuestión de planteárselo y decidir lo que se prefiere (según los objetivos y los factores que influyan).

Silueta de un hombre y una mujer en un espectáculo como cine o teatro

Romance in Manhattan es un largometraje de 1935 producido en Hollywood que cuenta la historia de un emigrante checoslovaco desde su llegada a Nueva York. Interpretado por un actor nacido y formado en Praga, el protagonista dice haber aprendido inglés en su país sabiendo que le haría falta. Aunque hay momentos puntuales en que habla en su lengua materna, sobre todo al principio, prácticamente todo el filme es en inglés. Como cabría esperar, desconoce algunas expresiones coloquiales al principio y con el tiempo su fluidez y pronunciación pretende ir mejorando.

Nos podemos preguntar hasta qué punto son creíbles su fluidez nada más llegar al extranjero en esa época o cierto vocabulario que probablemente no estaba en los libros de estudio. Sin embargo, la inconcreción de las circunstancias de su aprendizaje y nuestro desconocimiento de la equivalencia gramatical entre el checo y el inglés nos llevan a dejarlo en duda razonable. Sí parece destacable que el hecho de que no sea angloparlante nativo se trate con naturalidad en justa medida: sin que la audiencia primaria estadounidense se pierda y sin que se pudiese echar en falta traducción.